
Cuando terminé la escuela, un año
después para ser exactos, tuve un sueño, uno de los pocos que recuerdo con una
gran sonrisa. Soñé que bailaba con alguien, persona cuyo rostro no recuerdo,
una canción muy linda y algo antigua para ser de aquella época. Años después,
me di con la sorpresa de que ese momento si existió, fue con un muchacho de la
escuela el cual llamaba mucho mi atención, me pareció muy curioso no recordar
que fue él, pensé por un momento por qué y me di cuenta de que fue la hermosa
melodía la que le dio ese toque protagónico, la que hizo de ese momento un
momento idóneo y a veces me pregunto si me enamoré de aquel muchacho o
simplemente de aquel momento. Ese pequeño sonido, tan suave, tan único, tan
relajante que creó una atmósfera llena de magia por la noche. Al igual que en
mi sueño, en cada una de nuestras vidas existen sonidos que se han convertido
en parte de nosotros. No hay gente, créanme que no existe gente a quien no le
guste algún tipo de sonido o melodía, este tan bello arte que influye mucho en
nuestras vidas y nosotros en su desarrollo y perduración: la música.
Desde el momento en que nacemos, a
diario y hasta este instante, quieran o no, sonidos hay en todas partes: o bien
en el reproductor o bien la tarareas en la calles y mientras realizas tus
labores diarias. Constantemente estamos rodeados de sonidos que arman su propio
concierto. Vas por la calle y en el camino oyes como se mezclan los cláxones
con la gente gritando, a eso se suman las campanas de las iglesias y el
chasquido de algún charco. Si te detienes un poco y dejas de pensar por un
momento para empezar a oír te das cuenta que
al igual que en las películas la calle también tiene su propio
soundtrack. Cualquier movimiento que produzca ondas sonoras es válido, todo es
música.
No hay nada que exprese mejor al ser
humano que una buena composición para describir un momento de su vida. Si bien
es cierto, hay muchos a quienes les parecen horrendos alguno tipos de
manifestaciones musicales pero en sí, ese es el único fin que tiene la música
en su concepto general: presentar nuestros sentimientos en acordes sonoros y
melódicos para formar una melodía que nos sea agradable, que logre hacer que
uno se identifique con ella hasta el punto que no se quiera dejar de escuchar.
Discrepo la idea de muchos cuando mencionan esa frase que muchas veces
escuchamos de: Esa música es fea. No, no existe música fea, simplemente no nos
encontramos en ese instante de nuestras vidas en que el que seamos capaces de
sentir su escencia. Es por eso que existe y se ha creado un género para cada
tipo de personalidad: están las baladas, creadas para los románticos y
soñadores; el rock, para gente sin tabúes y que viven la vida plena; el reagge,
para los que buscan reflexión y un momento de encuentro con ellos mismos; la
música clásica, para quienes se inclinan por la cultura y desarrollan una
personalidad seria y conservadora; la electrónica, para aquellos creativos de vida llena
de adrenalina ; y muchos estilos en general que logran que la
sociedad encuentre su propia identidad. Tal vez las descripciones mencionadas
hace unos instantes no sean más que prejuicios, pero nos demuestran que hay
música en todas partes y para todos.
Levemente, cada vez que el viento sopla,
cuando caminamos, reímos, lloramos, en nuestras alegrías, decepciones, de día y
de noche, siempre encontramos música. Le da ritmo a nuestra vida, tanto como el
palpitar de nuestro corazón, la hace más rápida, más lenta, nos llena de
tensión y también nos relaja. Perderíamos tiempo al encontrar una definición
exacta, porque ella está en nosotros mismos, en nuestros días, en nuestra vida.
Pd: LPPDONE, bienvenido a Redland.